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28 ago¿Por qué decidí ser empresario?.
Porque me apasiona crear.
Porque después de muchos intentos fracasados el deseo de continuar era más intenso que la amargura de las pérdidas.
Porque entendí que es mejor morir en el intento que esperar a que pasen los años y cuando me recrimine “por qué no lo hice” ya no tener tiempo para comenzar.
Porque decidí nunca reflexionar en “si hubiera persistido qué habría pasado”.
Porque estoy entendiendo las diferencias entre riesgos y albures,es decir, entre lo posible y lo insensato.
Porque entendí que la prosperidad no está relacionada sólo al dinero o las riquezas.
Porque me apasiona aterrizar ideas y ponerlas a trabajar aún cuando no generan ingresos.
Porque el mundo cada vez es más pequeño y las oportunidades son más grandes.
Porque entendí que para romper las reglas primero hay que someterse a ellas.
Porque he aprendido a decidir y manejar mi propia vida.
Porque detesto que me digan lo que tengo que hacer.
Porque no nací para recibir órdenes, definitivamente.
Porque creo que los esquemas son sistemas perfectibles y cambiantes, y a mí me gusta hacerlos evolucionar.
Porque decidí confiar en Dios Todopoderoso absolutamente.
Porque tener como socio al Dios Omnipotente es buen negocio: sólo te exige el 10% con garantía del 100% de éxito si le das el control total de tus emprendimientos.
Porque considero que muchas cosas están por hacerse y no quiero ser parte espectadora.
Porque me dí cuenta que me gusta ser protagonista del cambio.
Porque considero que los seres humanos necesitamos trascender nuestro tiempo y espacio.
Porque odio la rutina.
Porque me gusta pensar.
Porque prefiero la ansiedad de lo incierto a la certeza de lo seguro.
Porque amo la libertad de disponer de mi tiempo.
Porque finalmente aprendí a ser disciplinado.
Porque decidí fortalecer mis fortalezas y apuntalar mis debilidades.
Porque sé que más allá de saber, sé lo que funciona.
Porque he superado la vergüenza de reconocer fracasos.
Porque entendí que para triunfar hay que fracasar primero.
Porque con humidad reconozco “no sé”.
Porque no estoy obligado a conocer o dominar todo.
Porque no me importa ser criticado, más bien, me importa ser ignorado.
Porque entendí que soy líder y que puedo llevar a mis seguidores y a quienes confían en mí a niveles que nunca imaginaron.
Porque no me avergüenza decir “soy el mejor en esto, por ahora”.
Porque enterré la falsa modestia.
Porque amo la excelencia, la formalidad, la puntualidad, la honestidad.
Porque sé que no hay diferencias entre los empresarios del primer mundo y yo.
Porque hice mía la promesa del Señor en cuanto a que prosperaría todo lo que yo emprendiera.
Porque Dios Omnipotente prometió darme por herencia las naciones.
Porque entendí que para llegar alto hay que pagar un precio.
Porque aprendí que el sacrificio y la entrega son semillas poderosas.
Porque estoy aprendiendo a darle al dinero el valor que tiene, ni un centavo más.
Porque como el apóstol Pablo he aprendido a vivir en abundancia y en escasez.
Porque entendí que la riqueza sin Dios es sólo dinero atesorado.
Porque comprendí que no voy a vivir para siempre.
Porque sé que nada de lo que acumule en la vida me llevaré después de muerto.
Porque hay mucha gente que necesita ayuda.
Porque no hay nada más apasionante que hacer algo donde no había nada.
Porque sé que no hay nada más poderoso que cuando a una idea le llega su tiempo.
Porque sé que tengo mucho que aprender.
Porque decidí hacer de mi vida una historia interesante que contar.
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