Competitividad personal y de país.

La competitividad nacional y las devaluaciones monetarias.

No hay mayor crimen contra una población que una moneda devaluada.

 

A los economistas se nos enseñó hasta la intoxicación que el ingrediente principal del éxito en las exportaciones está en función de la devaluación monetaria, de manera que mientras más se devalúa una moneda, más competitividad se tiene, así nada más, como por arte de magia.

 

No hay mayor crimen contra una población que una moneda devaluada, es un impuesto disfrazado que solo trae pobreza, desigualdad, especulación financiera y ansiedad; vivir en devaluación es hacer más ricos a unos y más pobres a muchos, día a día. En mis años de estudiante de economía hice no menos de diez investigaciones estadísticas y econométricas buscando la correlación entre devaluación y exportación, jamás encontré tal.

 

Ecuador tiene en su costa tierras fértiles que sin mayor esfuerzo da productos incomparables.

 

Nuestro país es proveedor de materias primas, lo fue desde antes de su fundación como república hasta hoy, la costa ecuatoriana es exportadora por antonomasia, tuvo preeminencia política y económica hasta que se encontró petróleo y el liderazgo pasó a los políticos radicados en Quito que constituyeron la más insolente y poderosa de las burocracias, fortalecida con esteroides por el último boom que hoy da sus coletazos finales.

 

Ninguna nación se desarrolló exportando materias primas y especulando divisas.

 

Ecuador tiene en su costa tierras fértiles que sin mayor esfuerzo da productos incomparables, en la sierra también pero lo lidera un monocultivo como las flores que si bien son increíblemente hermosas, lo son más que por tecnología por la bondad, una vez más, de la naturaleza, adicionalmente, el aporte a la riqueza nacional todavía es emergente.

 

Si a la generosidad de la tierra, en la que sin mucho trabajo se obtienen grandes beneficios, se le agrega conformismo, ociosidad, mediocridad, falta de visión, comodidad y codicia, el resultado es que estaremos condenados a exportar lo mismo, y depender tanto de la naturaleza como del tipo de cambio. Ninguna nación se desarrolló exportando materias primas y especulando divisas.

 

Volver a emitir nuestra moneda será una sentencia de muerte para el país.

 

Cuando no se dispone de valores agregados, los que deben generar altos valores percibidos, el efecto neto es una dependencia casi enfermiza de cubrir costos vía devaluación monetaria, o lo que es lo mismo, recibiendo más moneda nacional por cada divisa que ingresa al país, y como lo micro hace lo macro, comprobamos hasta la saciedad que somos indisciplinados, informales e incapaces para administrar las finanzas públicas que son las que determinan la salud de nuestra moneda, sobre todo cuando existe un gasto público desbocado y sin financiamiento endógeno.

 

Hoy por coyunturas internacionales no tan favorables muchos claman en reasumir nuestra moneda nacional porque el dólar “no es competitivo”, ¡por Dios, ellos no son los competitivos!. Volver a emitir nuestra moneda será una sentencia de muerte para el país, ya demostramos que  no estamos capacitados para autoadministrarnos, pues más allá del ciclo de bonanza petrolera hoy en etapa terminal, la estabilidad de precios y la recuperación del poder adquisitivo en esta nación se dio desde la dolarización.

 

Si queremos ser competitivos internacionalmente debemos invertir en tecnología y valores agregados, pero sobre todo en marketing, felizmente ahora mucha promoción global puede costar menos como resultado de internet para los negocios, pues no todo tiene que ser exportaciones de banano o camarón,  pero irónicamente la reticencia a aprender nuevas tecnologías es lamentable y eso hará que muchos no solo se lamenten no haber tomado el tren en su momento, sino que por efecto de su miopía y egoísmo, quieran regresar a las devaluaciones para “recuperar competitividad”.

Debemos aprender a retirarnos a tiempo.

El vendedor, el empresario y el hombre de negocios.

Una vez, hace doce o trece años, cuando empezaba a trabajar como director de una corporación sin fines de lucro asistí a un seminario de ventas y liderazgo dictado por un “experto”, recuerdo que sin querer le hice una pregunta relacionada a la diferencia o al proceso, si hay tal, que convierte al vendedor en hombre de negocios pasando por empresario, no supo qué contestarme…, Seguir leyendo…